14 junio 2009

CUMPAY Robusto


Apreciados lectores, hoy todo son novedades. El cigarro, el licor, la música que me va a acompañar, el lugar en el que me encuentro… y todo, en pleno puente del Corpus. Mi familia y yo nos hemos desplazado, siendo sinceros más bien hemos huido del estrés de la capital hasta El Grau de Moncofar, una pequeña población costera de la provincia de Castellón, a apenas treinta kilómetros de Valencia. Este pueblo posee, especialmente si se camina por la zona del paseo marítimo, en primera línea de playa, un innegable aspecto colonial que nos recuerda al paisaje de muchas zonas costeras de países latinos. Y con parecido clima. Durante la mañana hemos disfrutado de su tranquila playa, con baño incluido, y por la tarde de un refrescante paseo frente al mar. Cuando el pequeño Dani ya está contando ovejitas nos hemos distendido con una encantadora cena en la terraza del ático y… ¡ahora llega el momento!

El cigarro que vamos a paladear acaba de llegar a España, procedente de Nicaragua: Cumpay. Lo adquirí en el estanco de mi amigo Eugenio Barrientos, en la Plaza del Perú de Madrid, un entusiasta sabedor de puros, pionero en acoger las nuevas labores y marcas de prestigio internacional que aterrizan en nuestro país. Su cultura, su animada y sincera conversación, su refinada crítica y su profesionalidad (que de familia le viene) hacen de este estanquero uno de los grandes.

Como Cumpay me suena “cubanico”, decido acompañar la velada con un trío tal: Bebo Valdés, Cachao y Patato, con Paquito D´Rivera de invitado especial, algunos de los más altos representantes del mejor lattin jazz. Y el licor, ron del Captain Morgan, para mí desconocido hasta el momento pero muy a tener en cuenta a partir de ahora por su fascinante color oscuro naranja “sunset”, su embriagador aroma a caña, a endrina, a cachaza, y su gran sabor equilibrado meloso y dulce.

Externamente el cigarro es fascinante, compacto y sólido, con una envoltura sedosa y aceitosa color carmelita de tonos tostados espectacularmente torcida. Digno de destacar es el detalle de la anilla extra que esta marca (igual que Juan Clemente, de dominicana) propone en el pie del puro, para evitar que la capa se deteriore. El bouquet es notable, muy cremoso, con un recuerdo a frutos secos en fondo de nariz. El color de la ceniza gris muy claro, casi blanco. En cuanto al tiro, inmejorable durante toda la fumada, y la combustión lenta, perfecta para una noche en calma y serena, en la que puedo llegar a escuchar de fondo el murmullo de las olas al romper en el malecón.

Al comienzo, la fuerza del cigarro fue suave, evolucionando hasta media en el segundo y tercer tercio. Las primeras bocanadas al encender el puro -puro, puro, puesto que la totalidad de los tabacos que lo forman son de una única procedencia, nicaragüenses- son exquisitas, suaves, con una textura cremosa y dulce. Si bien en el primer tercio no soy capaz de detectar ningún sabor predominante, en el segundo, al son del ritmo de Bebo se acompasan notas dulces al tiempo que toques amargos me traen al recuerdo una aromática taza de café negro bien cargado, y en el tercero se intercala también un ligero rastro de notas especiadas, similares a la pimienta.

Por cierto, el nombre de esta marca hace referencia, no a nada cubano (eso sería Compay… Segundo) sino a una zona volcánica de Nicaragua, en el que nace un tabaco sabroso y con carácter. Solo tengo que decirte: “Cumpay, aunque estés en Nicaragüa, yo tu fuerza la he sentido aquí”. Una noche de lujo, todo volutas, son y compás. ¡Aaaasuca!.

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