19 agosto 2010

MACANUDO 1968 Robusto

Queridos amigos: ¡Ya están aquí! Las ansiadas, necesarias -y creo que en mi caso merecidas- vacaciones han llegado. Después de disfrutar de unos días de placentero descanso en la casa de campo de mis queridos suegros en un pueblo de la ribera del río Órbigo, en la provincia de León, mi familia y yo nos hemos desplazado a la localidad alicantina de Denia, para pasar unos días en el chalet propiedad de un tío de mi mujer, en las faldas del monte Montgó. Aquí se respira tranquilidad, sosiego y un aire puro que, gracias al microclima de este enclave, hace sin duda mucho más llevaderos los calores típicos de la costa levantina española.

Durante sucesivas entregas os iré dando cuenta de los grandes cigarros que estoy disfrutando en estos días que, por cierto, sin duda, son los más propicios, ya que no estamos sometidos ni mucho menos a las apreturas de horarios y obligaciones que tenemos durante el resto del año. Aún así, muchas de las grandes marcas que estoy catando no se distribuyen aún en España, por lo que reservaré dichas reseñas para el momento en que desembarquen en nuestra querida piel de toro.

Me gustaría en esta ocasión compartir con vosotros un cigarro del que ya he disfrutado en bastantes ocasiones y del cual tenía pendiente este comentario. Se trata de la marca dominicana Macanudo, serie 1968 en su vitola Robusto. Dicha línea de cigarros hace referencia al año en el que la actual empresa propietaria de la marca, General Cigar, adquiere la fábrica productora de los Macanudo, la Temple Hall jamaicana. Esta marca es una de las más vendidas en Estados Unidos, y su línea clásica se caracteriza por ser excepcionalmente suave. Por esta razón, y para recalcar que la liga 1968 es ciertamente novedosa, la compañía ha diseñado una campaña de marketing gráfica con una foto del cigarro que nos ocupa lanzando al aire unas atractivas volutas de humo y un texto que reza: “Macanudo 1968: rich, dark and unexpected”, lo que podría traducirse por: “rico, oscuro-profundo e inesperado”. Descubrámoslo.

Los tabacos que componen la tripa de este cigarro, envejecidos en barricas de roble con carbón, proceden de la propia República Dominicana, donde está fabricado, de Nicaragua y de la isla volcánica de Ometepe, perteneciente al mismo país anterior, donde se cultiva un tabaco en exclusiva para General Cigar. El capote es Connecticut Habano y la capa Honduras San Agustín tipo Havana, una envoltura de sol francamente atractiva, aceitosa, atravesada por finas venas, que parece, a juicio de su color y textura, estuviera bañada en una taza de chocolate Valor. La anilla es distinguida, en tonos negros y dorados, el aroma pre-encendido herbáceo y dulzón, el tiro será inmejorable durante la fumada y la fortaleza debería establecerla en media, aunque mi querido cuñado Alfredo -que fumó este mismo cigarro a diez kilómetros de distancia, ya que no fue posible reunirnos para la ocasión- opina que es demasiado “full”.

La primera fase está dominada por un complejo sabor dulce contrastado por notas de madera. Hace aparición el elegante, lento y equilibrado recuerdo a regaliz negro, con un regusto potente, en ciertos momentos achocolatado. El segundo tercio lo continúa protagonizando el regaliz, si bien ahora aparece como artista invitado el cacao. En estos momentos la combustión se estropea en cierta medida, aunque se deja arreglar, no sin ayuda del mechero. Observo ahora una estampa que coincide con la imagen de la publicidad: en la pequeña urbanización donde me encuentro, sin apenas contaminación luminosa, es fácil observar un cielo negro como el de esta noche, que como si de un telón de fondo se tratase con el cigarro en primer plano, permite distinguir un contraste de color con el homo blanco-azulado ciertamente mágico.

Casi finalizanda esta segunda fase aparecen sutiles notas especiadas, el dulzor va decreciendo y gana peso el cedro, aunque a ráfagas continúan dejando sus rastros los sabores achocolatados del comienzo. En mi opinión el cigarro evoluciona con equilibrio y los sabores, profundos y complejos, llenan la boca de gran cantidad de agradable y denso humo. El tercer tercio mezcla con éxito y sin agresividad todos y cada uno de los sabores detectados desde que prendí en cigarro: chocolate, cedro, regaliz y especias. Tengo que confesaros que disfruté plenamente este final, tanto que casi se me olvida que las brasa también pueden quemar… los dedos. Un 8.

Con estas premisas, subjetivas por cierto, ya que se trata de mis sensaciones y gustos, me atreveré a emitir un veredicto acerca de la publicidad de la que antes os hablé:
“¿Rich?”: sí, es rico, sabroso y agradable.
“¿Dark?”: objetivamente sí por la capa y subjetivamente me pareció encontrar gustos complejos y bien desarrollados.
“¿Unexpected?”: ciertamente que sí, es totalmente distinto a cualquier otro Macanudo.

No sé muy bien la razón, y quizá me gustaría encontrarla en la diferencia de gustos idiosincrásicos entre EE.UU. y Europa, o quizá en que la gama de marcas y referencias es infinitamente mayor en aquel gran país como para encontrar fácilmente mejores cigarros que el Macanudo 1968, pero lo cierto es que los blogs estadounidenses similares a este no hablan tan bien como hoy lo he intentado hacer yo acerca de este cigarro.

Una cosa más: os sugiero que probéis la vitola Gigante de esta misma marca y serie, una vitola cañonazo (o algo mayor incluso) que el día que la probé, en una cata invitado por mis amigos Pedro Pablo Gamero, gran estanquero toledano, y Pedro Rosado, delegado comercial de esta marca en Zona Centro de España, en el Restaurante El Albero de Toledo, tras unas alcachofas de la tierra con jamón, unas tapa de habitas, judías con jabalí y una carrillada de ternera, me resultó francamente agradable.

Hasta la próxima entrega amigos. Seguid disfrutando de las vacaciones.

13 agosto 2010

TE AMO Clásico Toro

Me dirijo a ustedes, estimados lectores de este nuestro humilde blog, para darles cuenta de la maravillosa fumada que me ha deparado este Te-Amo vitola Toro. Para los menos conocedores de este mundo de los cigarros, decirles que Te-Amo es una marca mejicana dirigida por la familia Turrent que elabora sus productos en la factoría del valle de San Andes, en el estado de Veracruz. De allí procede, además, el tabaco que utilizan en su gama básica, a la que pertenece esta referencia.

El cigarro tiene buen aspecto externo, aunque la capa quizá es algo mas nervuda y rugosa de lo que se estila últimamente. De color carmelita claro, carece de esa acetosidad característica de muchos de los grandes cigarros que he tenido ocasión de fumar, aunque el aroma en frío es intenso y agradable. Me llama la atención la bonita anilla, en la que figuran un matador y un toro en plena lidia. Decido acompañarlo con un tequila reposado como es el Especial de José Cuervo, probablemente la marca de tequila más internacional del mercado.

Sin demasiadas expectativas, todo sea dicho, encendí mi puro y me dispuse a disfrutar de la sobremesa en una esplendida tarde veraniega. El inicio es contundente: es un cigarro con cuerpo, con aromas a cedro y un sabor ligeramente especiado. Pero es realmente en el segundo tercio cuando empieza a desplegar toda su riqueza aromática. El cigarro se torna sabroso, con un gusto a tabaco añejo y cedro que disfruto aspiración tras aspiración sin cansarme. Todo buen fumador de puros sabe que no todas las caladas son iguales, y que, de vez en cuando, un cigarro nos regala lo mejor de si mismo, llenándonos la boca de placer y haciendo que se nos escape algún sonido inteligible de aprobación. Pues la concatenación de este tipo de bocanadas sabrosas fue realmente tan espectacular, que me hizo preguntarme cómo un cigarro de este precio (apenas $4 en una tienda del aeropuerto) podía estar tan rico. El final estuvo a la altura, con claras notas torrefactas y alguna pincelada dulce.

En resumen, un gran cigarro que me hizo disfrutar de más de una hora de buena fumada. Nota, un 8,5. Recomendable para despues de una comida fuerte, acompñandolo de tequila reposado o whiskey de malta. Intentaré hacerme con mas formatos de esta serie, pero hoy por hoy solo puedo decir: ¡Viva Mexico!

24 julio 2010

CASA MAGNA Churchill

Queridos amigos lectores: es justo y necesario -como dice la plegaria cristiana para dar gracias a Dios- incluir este soberbio cigarro en nuestro violario "bloggero" y debería serlo también, a mi juicio, introducirlo de manera habitual en nuestro humidor personal. Es justo porque una obra maestra no se merece menos y necesario porque todos los que nos preciamos de disfrutar con el buen humo deberíamos deleitarnos a menudo con los grandes cigarros que nos lo regalan.

La primera vez que disfruté de esta maravilla aún no era posible encontrarla en España y, si lo pude hacer, fue por la gentileza de mi amigo Manolo Quesada, gran persona, caballero de los pies a la cabeza, fabricante de algunas de las mejores marcas Premium de cigarros dominicanos y propietario de la marca nicaragüense Casa Magna, que me invitó a degustarlo al finalizar una memorable y amistosa comida con él y con su esposa, durante su estancia en España el pasado mes de abril. La impresión entonces fue soberbia, pero dado el elevado nivel de interesante conversación que me brindó tan querida pareja, como es lógico, no tomé ni una sola nota de cata. Aunque tan sólo el recuerdo es el sello de calidad de un buen puro, tengo con vosotros un compromiso que me exige re-catar el cigarro para compartir con vosotros todos los detalles de mis sensaciones.

Y en esta segunda ocasión, me acompaña otro gran amigo, de esos que son casi familia, Rodrigo Camps, “Roti” para mi familia. Mientras visitaba la cocina para preparar las rocas y seleccionar el ron (esto lo tenía claro, pues ambos estamos abonados al jugo de la caña de azúcar) le dejé a “Roti” con una selección de cigarros que había preparado para ese día. “Hoy escoge tú” le propuse. A mi regreso me lo encontré absorto contemplando la bella factura de nuestro magno churchill, encandilado por su bronceada capa de sol, lustrosa y grasienta como pocas, perdido en el perfecto dibujo espiral de sus finas venas y deslumbrado por su egregia anilla . “Este, fumamos este” me dijo. Sabia elección.

El aroma que desprende previo a encender es dulce y nos recuerda a algo de pastelería, como al bizcocho de chocolate de mi suegra recién sacado del horno. Las primeras aspiraciones -ciertamente majestuosas- exhalan sabores azucarados parecidos al chocolate con leche, mezclados con sabores a fruta madura y, en algunos momentos incluso a pasas. Mi amigo hace referencia ahora al gran equilibrio que posee el cigarro, sin ninguna arista de agresividad, con un balance y una nobleza de éxtasis sensorial.

El segundo tramo se merece la estatuilla del “Oscar tabaquero” a la evolución y al sabor, al equilibrio y a la armonía de aromas. Continúa el rastro dulzón dejado por el anterior tercio, pero salpicado ahora por matices de madera y tierra consecuencia del añejado de la tripa del tabaco (tabaco es como se refieren en Centroamérica a un cigarro). La quema es impecable, la ceniza nívea y brillante, espesa y de gran consistencia y la fortaleza se acerca ahora a un cuerpo pleno.

Al final de este tramo hacen su aparición ciertas trazas amargas y especiadas, incluso algo picantes, pero sin abandonar ese sabor tan especial a frappuchino de Starbucks (café con crema de caramelo, batido con hielo y nata... una debilidad personal).

El tercer tercio se caracteriza por un sabor totalmente cafetero, en este caso con leche, que mezclado con el dulce del caramelo presente en toda la fumada nos aporta un inconfundible gusto a tofee. Final largo, inmenso, propio de un cigarro de escándalo.

Prácticamente recién llegado a España, a un precio de 5,95€ que bien merecería casi el doble, a mi juicio uno de los mejores churchills que podemos encontrar en el mercado español. Otro 10. Gracias Manolo (Quesada), gracias Néstor (Plasencia) por vuestra creación.

Con esta cata culmino el repaso a la gama de referencias disponibles en España de la marca Casa Magna serie Colorado (omito la del Torito por ser muy similar al Robusto). Cada una de ellas excelentes, idóneas para un determinado momento. El pequeño Pikitos, ideal para el aperitivo, con un buen vermú de grifo (o Martini rojo, no vamos a ser tan románticos). El gran Robusto para después de comer, con un buen ron añejo, quizá el Flor de Caña 18 años con el que hemos acompañado “Roti” y yo esta última fumada. Y el soberbio Churchill para después de cenar, regado con una copa de un buen coñac francés o un brandy español como el Luís Felipe con el que lo combinamos Manolo y yo en aquel inolvidable almuerzo. Y si es al aire libre, con un cielo estrellado como el que contemplo desde la bendita portalina de la casa de campo de mis suegros a la ribera del río Órbigo en León, un firmamento que da vértigo, que hasta la Vía Láctea deja ver, mejor será. Disfrutad.

06 julio 2010

BARÓN ULLMANN Robusto

Nos reunimos en esta ocasión en torno a los fogones de “El Restaurante de Fortuny”, un elegante establecimiento con fabuloso servicio y calurosa acogida al comensal, de esas que te hacen sentir alguien realmente importante, sobre todo cuando te ubican en la mejor mesa del local, redonda, amplia y en una esquina apacible desde donde se contempla toda la sala.

Me acompañan, de derecha a izquierda, mi amigo Adolfo Otaola, gerente de la empresa De los Reyes Cigars S.L., importadora de cigarros del prestigio de Augusto Reyes, Casa Magna y Kristoff, los estanqueros anfitriones -por aquello de estar en sus dominios y por la excelente selección del local- Tomás Gómez y Carlos Javier Gaitán, de la Cava de Miguel Ángel y por último, mi querida compañera Jennifer Gómez, de la compañía Sikar S.L., empresa que comercializa las marcas antes mencionadas, distribuidas en el mercado español por Comet S.A.

El menú que disfrutamos fue francamente sabroso, compuesto por un carpaccio de buey con queso parmesano, fideua, hamburguesa al estilo Fortuny, todo ello regado por la apuesta segura que supone el Ribera del Duero Matarromera Crianza 2007 aconsejado por Adolfo, y para finalizar un cremoso postre de tiramisú realmente formidable.

Durante el almuerzo la conversación transcurrió acerca del cliché que todavía existe en nuestro país al hablar de “puros cubanos” y “otras procedencias”, como si estas últimas tuvieran una dignidad inferior. Les explicaba yo a los comensales que en mi blog se enumeran las distintas procedencias de los cigarros con la misma importancia, independientemente de que en España sean los puros cubanos los más vendidos. Desde el comienzo pretendí contribuir a un concepto, a una filosofía de trato entre procedencias. Igual que si entro en una tienda especializada en licores no veo que ponga “vinos de Rioja” y “resto de Denominaciones de Origen”, sino que la tienda estará dividida por estantes y en cada uno habrá un reclamo que indique “Rioja”, “Ribera del Duero”, “Toro”, “Vinos de Madrid”, “Somontano” y un largo etcétera, aunque la D.O. más conocida y más vendida sea la riojana. Hace apenas quince años sería impensable que en una comida de negocios o de amigos alguien osara encargar al sommelier un caldo de Ribera del Duero y menos todavía uno de Madrid o de Jumilla o de Cariñena. En cambio, y gracias a Dios, hoy en día los aficionados a los buenos espirituosos son cada vez más, más entendidos y más capaces de descubrir las bondades de un vino de estas denominaciones de origen menos populares que, a veces, pueden ser incluso superiores a las de otro caldo mediocre de la D.O. más vendida. Algo similar ocurre con los cigarros puros, con los güiskys o con los rones.

Adolfo lanzaba una pregunta interesante al aire: “¿Dónde están hoy en día los grandes tabaqueros que salieron de Cuba cuando Fidel Castro llegó al poder y quiso nacionalizar la industria tabaquera?” Pues emigraron fundamentalmente a República Dominicana, Nicaragua y Honduras, donde comenzaron a trabajar con su sabiduría y experiencia durante muchos años, hasta conseguir un tabaco de calidad capaz de satisfacer sus propios gustos y los de los consumidores más exigentes. Que los cigarros más vendidos en España son los habanos nadie lo pone en duda, que degustar un buen cigarro habano es una delicia tampoco se niega, pero que cada vez más los consumidores están abiertos a probar otros cigarros de procedencias como las antes mencionadas, y que las opiniones de los fumadores de puros están mejorando mucho acerca de estos cigarros es otra realidad incontestable. Y se merecen, muchos de los fabricantes dominicanos, nicaragüenses y hondureños, el reconocimiento internacional que están teniendo, por su dedicación a la hora de crear sus ligas, sus cuidados controles de calidad, sus denodados intentos por mantener los mismos sabores y aromas a pesar de las distintas cosechas y por el ímprobo esfuerzo comercial que están llevando a cabo para poner sus productos en la cima de la más alta calidad.

En esta ocasión vamos a catar un cigarro que pronto va a estar disponible a la venta en nuestro país y que vendrá de la mano de nuestro importador invitado, Adolfo Otaola. Lleva el nombre de una personalidad conocida y muy importante de Alemania, no en vano es la tercera fortuna más importante del país, el Barón Ullmann, asociado para la creación de esta marca con el español Francisco Suárez. Estén atentos, porque en unos meses podrán ver la marca en las mejores cavas de nuestro territorio.

La apariencia por fuera es muy cuidada y elegante, señorial, como no podía ser de otro modo. El cigarro viene encelofanado, con otra anilla en el pie del cigarro para evitar que la fina capa pueda fracturarse. Tomás se interesa por su bouquet, que le evoca a cuadra, y Adolfo, con su gracejo malagueño, le replica que “de ser a cuadra, ésta sería muy limpia”. La capa, colorado claro, con finas venas, algo granulada y no especialmente sedosa, revela un perfecto torcido y acabado, al tacto perfecto, ni duro ni blando.

Recién encendido las primeras sensaciones son suaves, comenta Carlos, y afablemente florales. En el primer tercio destacan las mismas notas florales y herbáceas del inicio, algo amargas, como licor de amaretto suave, pero nunca desagradables.

Durante un rato estuvimos departiendo acerca de los tipos de semilla de que estaba compuesto el cigarro y conveníamos todos que a pesar de llevar capa de Camerún corojo, no existe agresividad ni provoca sequedad de boca, como en algunos cigarros suele ocurrir. El capote es olor dominicano y en la panza se distribuyen con maestría ligero cubano, ligero olor, ligero criollo 98, ligero de Nicaragua y seco de Nicaragua. El sabor es redondo, suave -a pesar de tanto ligero- pero con un retrogusto nasal francamente pujante. La ceniza, gris claro, es de una consistencia soberbia, que en casi todos nuestros cigarros se manifestó hasta la mitad de la fumada. El tiraje perfecto y la pirólisis idem, sin que nos obligara a corregir las brasas en ningún momento.

El segundo tercio magnifica los aromas de esa almendra amarga de la que hablábamos antes, siendo “ahora mucho más evidente“, comenta Tomás. Y el tercer tercio eleva la fortaleza a grado medio con excelente equilibrio y balance de sabores.

En definitiva, una valoración de 8 puntos para un cigarro muy cómodo de fumar, con una notable evolución de principio a fin, suave, con notas florales y amargas persistentes a lo largo de la hora y poco que necesita para consumirse (aspecto tremendamente subjetivo, porque habrá quien no necesite más de tres cuartos). Adolfo, gracias por la primicia.

Ya se lo adelanto: si quieren probarlo, acudan a la hermosa Cava de Miguel Ángel, en la madrileña calle que lleva su nombre, en el número 20. Será, seguro, una de las pioneras en recibir a este noble Barón… Ulmann.

06 junio 2010

H. UPMANN MAGNUM 50 Edición Limitada 2005

Queridos amigos, hoy voy a disfrutar de una magna cata en compañía de un ilustre amigo, abogado, estanquero de pro y mejor persona, un amante de los buenos cigarros y gran degustador de vinos y espirituosos, especialmente del querido licor de caña de azúcar, el ron, aficiones todas estas que compartimos y de las que no nos cansamos de departir, intercambiando comentarios, gustos y opiniones. Os presento a Jesús Martín Ibáñez, propietario de una de las mejores cavas de puros de la zona oeste de Madrid, concretamente la expendeduría de tabacos nº3 de Boadilla del Monte, en la Avenida del Siglo XXI.

Lo primero que nos sorprende al entrar en el local son sus generosísimas dimensiones, con un amplio mostrador para venta de cigarrillos, tabaco de liar y de pipa, y otra zona bien surtida de productos de regalo y accesorios como mecheros, humidores, cortapuros, pureras, etc. Y por descontado, la espectacular cava de puros, en forma de L, exquisitamente decorada y perfectamente ordenada por procedencias de los cigarros. Un rasgo distintivo que posee esta cava, por influjo -huelga decirlo- de su propietario, es su excelso surtido de vitolas y referencias francamente difíciles de encontrar en el mercado. Y ahora mismo, según estoy escribiendo, esbozo una complaciente sonrisa, ya que una de las preguntas que le hago siempre a Jesús cuando vengo a visitarle es: “¿Qué rarezas nuevas tienes hoy?”. Su pasión por el mundo y la cultura del cigarro puro le hace estar en busca de referencias que no llegan habitualmente a España, para ofrecer algo realmente distinto a sus clientes. Me atrevo a decir, además, que una de sus aficiones favoritas es “añejar cigarros”. Si usted añora algún ejemplar que fumó hace algunos años de tal marca y vitola ciertamente inolvidables, o simplemente le gustan los cigarros añejos, dese un paseo por la Cava de Boadilla y pregunte por el maestro Jesús. Le aseguro que pasará un rato extraordinario con un estanquero que, aunque en su humildad nunca se jacta de sus conocimientos, es un gran sabedor y conocedor del mundo del cigarro. Fíense de él.

Después de urdir el plan en su despacho y elegir el arma del deleite, nos apresuramos -con el fin de que no se nos echara el tiempo encima, ya que deseábamos disfrutar de la cata sin prisas- a almorzar en una restaurante cercano a la tienda. Allí disfrutamos de unas frescas ensaladas de bonito con cogollos y pimientos, unas ricas albóndigas al estilo casero con corona de patatas paja y de postre, sendas tartas de queso. Digno de destacar es el caldo que acertadamente seleccionó mi querido amigo para la ocasión: un tinto de autor de La Mancha (Valdepeñas), de variedad tempranillo, “Mano a mano”. Así es el nombre de este espectacular vino de autor, que define también el cómo, ya que entre los dos apuramos hasta la última gota del mismo.

Y sin más dilación nos aposentamos en los sillones de la fresquita bodega que el estanco posee en el piso de abajo, seleccionamos y nos servimos en copa de balón el archipremiado ron Zacapa 23 años de la colección personal de Jesús y … nos quedamos ensimismados observando la bella factura del cigarro que teníamos entre las manos. El mismísimo H. Upmann Magnum 50 Edición Limitada 2005, un mítico cigarro que se ganó en su día el respeto y la admiración de todo el mercado tabaquero, tanto español como internacional, y que hoy en día sigue siendo uno de los más buscados por los grandes conocedores de este palpitante mundo del cigarro.
Aquí lo tenemos de nuevo, con cinco añitos de añejamiento extra en su propia caja. Lo primero que despunta en él es su soberbia capa maduro oscuro, mucho más que cuando era joven, debido a su envejecimiento. Su brillo, su aceitoso tacto, suave y aterciopelado, hacen que sea francamente excepcional. Al tacto cede lo suficiente para demostrar su perfecto estado de humectación pero se presenta lo necesariamente recio para asegurar un buen tiro y un buen relleno de su tripa. Él segundo aspecto que nos enloquece es su dulce bouquet a caramelo y madera al fondo de nariz, algo realmente fascinante, un olor en frío de los más embriagadores que he tenido la oportunidad de percibir en un cigarro.

Inflamamos esta delicia con cerillas extra-largas especiales para puros, procedimiento de encendido al que no soy muy dado y, para qué ocultarlo, al que tengo cierta manía. Pero un ejemplar como el que teníamos entre manos ya se merecía un ceremonial de prendido de libro, según dicen las enciclopedias que ha de hacerse. Y a continuación la tercera razón de nuestra locura. Fue… increíble. Delicioso. Grandioso. Y debería seguir este ritmo de calificativos un buen rato hasta poder describir las espectaculares sensaciones que nos invadían. Las primeras bocanadas fueron de tal sabor pero de una delicadeza tal, de tal poderío y a la vez tal finura provocada por su añejamiento, de un dulzor tabaquero tan sublime, que puedo afirmar sin temor a equivocarme que este fue uno de los encendidos más ricos que he efectuado en mis catas.
Mención también especial merece el consagrado ron Zacapa 23, varias veces galardonado con el premio al mejor ron del mundo. Situémonos: 1 de marzo. Duty free del aeropuerto de Santo Domingo, de regreso ya de nuestro inolvidable viaje de visita a la fábrica de puros La Aurora. Mi querida compañera Nuria, gran entendida en rones me aconseja encarecidamente que compre una botella. Una de mis grandes adquisiciones. Y Carlos sabe que es así: un ron soberbio, color naranja oscuro, de lágrima densa, dulce y meloso en boca, nada alcohólico -tantos años de añejamiento han sido suficientes para que la sensación de alcohol quede reducida al mínimo-, con una persistencia en boca muy parecida a la de un buen Pedro Ximenes (no en vano el Zacapa añeja en barricas que antes contuvieron este otro licor). Gracias Nuri por tu insistencia.

En cuanto al tiro debemos decir que es justo, no falta pero tampoco sobra, precisamente del agrado de Jesús : “Me gustan los puros de los que tengas que estar pendiente, no extremadamente facilones”. El primer tercio sigue la senda que marcó con sus primeras volutas: enormemente aromático, muy matizado, azucarado, dejando en boca un sabor edulcorado y amaderado. El segundo tercio es digno de un premio que podría llevar por título “la exaltación de la evolución”: fortaleza media sin punta de agresividad, balance niquelado, sabores compensados a más no poder, redondez trazada con compás profesional... Regaliz, aparece el dulce sabor a regaliz suave, muy similar al espectacular Hoyo de Monterrey Edición Limitada 2004 del que también publiqué cata. Por cierto, Tomas, resérvame los tres ejemplares que te quedan, que este verano cae uno y otro colaborará a engrandecer mi museo de incunables.

Y al llegar el tercer tercio… la apoteosis: el cigarro frena en fortaleza pero puja en sabor, no se torna agresivo como muchos, es sumamente compensado, producto de su veterana edad. “Tiene lo excelente del habano pero no lo peor”, en palabras de Jesús. Aparecen ahora unos suculentos matices terrosos que combinados con nuevas puntas dulces, como a pasas, nos regalan un final interminable, en el que hacen su aparición notas de café y moka. No aburre, no cansa, que no se termine por favor… Pero terminó.

Te mereces un magno 10, Magnum 50. Un pedazo de cielo aquí en la tierra. Tierra bendita la que te cultivó, y una estatua para quien te añejó hasta que te conocí. Gracias Jesús.

15 mayo 2010

LA AURORA Maduro Robusto

Apreciados amigos y lectores, la reseña de hoy es para mí muy especial: una cata de recuerdos, experiencias y vivencias realmente mágicas. Soy consciente de que el cigarro objeto de la misma es inaccesible para muchos de vosotros, sobre todo para los amigos españoles, ya que se trata de una vitola que no se comercializa en nuestro país. Pero es para mí obligado hacer un cariñoso homenaje a mis queridos compañeros de empresa y a los profesionales de la fábrica de cigarros La Aurora, con los que tuve la fortuna de compartir unos cálidos e irrepetibles días en Santiago de los Caballeros, ciudad de la República Dominicana fundada en el año 1495, fecha que da nombre a una de las grandes líneas de cigarros de esta casa (ver cata La Aurora 1495 Series Robusto).

Hay que estar allí para valorar los cigarros como aquel anónimo que dijo: “fumar cigarrillos es humano, fumar puros es divino“. Hay que estar en la tierra, en las vegas, entre las plantas de tabaco, en las casas de secado y fermentación, entre cujes y pilones, burros y sacas, ver la selección de hojas para tripa, capote y capa, hay que visitar la sala de despalillado, la de añejamiento y almacén, hay que ver cómo el torcedor con la habilidad de sus manos arma el bonche o tirulo que pasará un tiempo en la prensa para adecuarse al cepo necesario, y finalmente ensimismarse con el espectáculo del encapado, magia a través de la cual, con unos toques de infinita sutileza y elegancia el maestro coloca la capa y la perilla al cigarro, dejándolo listo, previo paso por la sala de añejamiento, para el futuro deleite de nuestros sentidos. Todo esto, de una manera resumida, es lo que ocurre para que podamos disfrutar de uno de los grandes placeres de la vida: degustar un buen cigarro, haciendo gala de la famosa frase de Mark Twain: “No soy esclavo de un vicio, sino dueño de un placer”, lema que cierra la presentación de mi perfil en este blog.

Gracias a la cortesía de los amigos de La Aurora, pudimos degustar varias de las muchas series de cigarros que la compañía distribuye en el mercado internacional. Y una de las más interesantes resultó ser La Aurora Maduro Sun Grown. Dicho sea por adelantado que este tipo de capa cultivada al sol -sin los habituales tapados de algodón- son muy de mi agrado personal, ya que al no tener que estirarse la hoja de la “Nicotiana Tabacum”para lograr captar la mayor cantidad de rayos de sol posibles, lo que hace que ésta adelgace y la savia se reparta entre una mayor superficie, en la capa de sol los aromas y sabores se concentran más y nos brindan como resultado una excelente capa, más gruesa, aceitosa, de gran aroma y extraordinariamente rica.

En el caso concreto de los cigarros que pude degustar allí, dicha capa brasileña presenta un color colorado oscuro, si bien no llega a la tonalidad casi negra de otras marcas con similar tipo de capa. Es además levemente granulada y con alguna vena elegantemente marcada. El olor antes de darle fuego es apasionante, penetrante, dulce, achocolatado y con recuerdos a madera. Esta serie de cigarros cuenta con doble anilla, la habitual de La Aurora con el león del grupo pacíficamente tumbado, y otra más fina en color rojo con letras doradas que hacen referencia al tipo de capa “maduro”.

La mayoría de las ocasiones en que fumé este tabaco lo combiné, como el resto de mis compañeros, con uno de los rones con más solera y éxito del querido país dominicano: Ron Barceló Imperial, añejado durante siete años en barricas de roble americano, un ron de tonalidad ámbar claro, suave, muy fácil de beber, no excesivamente licoroso, afrutado y con aromas a madera y vainilla.

El tiro del cigarro se adivina perfecto desde casi antes de encender, y se confirma nada más prenderlo. Las primicias de la fumada nos brindan unos sabores tabaqueros francamente elegantes, aderezados por unos rastros tan delicadamente dulces que son imposibles de olvidar aunque hayan transcurrido ya casi más de dos meses desde que degusté el último ejemplar.

Las papilas gustativas de la lengua son las encargadas de detectar los tipos de sabores de los alimentos, y también, del humo que nos depara la combustión de los cigarros. Cada zona de la lengua alberga un tipo de papilas capaces de detectar una tipología de sabor y no otra. Por ejemplo, los dulces se manifiestan en la punta de la lengua, los salados en los laterales de la misma, el agrio también en los laterales pero más hacia el fondo y los sabores amargos son detectados por las papilas de la parte trasera de la lengua y en el paladar.

El primer tercio del LASWR transcurre a lo largo de un cuerpo suave pero con un irresistible sabor tabaquero, exquisitamente dulce y algo amargo al mismo tiempo, con sabores terrosos y evidencias de tabaco muy bien añejado.

La ceniza es blanco-azulada y tremendamente consistente, hasta el punto de que el propio fumador ha de provocar su caída en el cenicero ante su resistencia. Los finales de esta primera parte, cafeteros y azucarados, dejan paso a un segundo tercio más corpulento, rico y muy elegante. En el tercer tercio la fuerza continúa creciendo, el dulzor del comienzo se apaga y deja paso a sabores mucho más terrosos y amaderados, con un final ligeramente amargo y húmedo. Un merecido 9.

Veo un humo denso, blanco, atractivo y espeso, que dibuja en la habitación una fina niebla que envuelve de magia y misterio estos momentos, en los que si cierro los ojos puedo perfectamente transportarme al mundo de los sueños, del tabaco y del ron, donde una extraña ingravidez te inunda mientras disfrutas de cada rincón de este fantástico país caribeño. Al abrir los ojos, me doy cuenta de que ya no estoy allí, pero estoy seguro de que cada vez que encienda un ejemplar de La Aurora Sun Grawn Robusto podré revivir aquel inolvidable viaje del que es imposible regresar… sin decir… “¡Viva el tabaco!”.

16 abril 2010

CASA MAGNA Colorado Pikitos

Queridos amigos, hoy voy a hacer prácticamente un “remake” de una cata anterior. Fue para mí tan sensacional encontrarme con un cigarro como el Casa Magna Colorado Robusto, uno de los pocos que pueden presumir de haber obtenido una puntuación de 10 en este humilde blog, que me siento en la obligación de presentaros a su hermano pequeño, el Pikitos, una petit corona ciertamente recomendable para cuando no dispongamos de las dos horas de interrumpido placer que nos exige el Robusto de la misma marca, sino apenas una.

Me encuentro en el mítico Mesón El Mirador de El Goloso, muy apreciado por los habitantes de la zona norte de Madrid gracias a su exquisita gastronomía típica castellana, su excelente y amable servicio, su sencilla pero cálida decoración y su privilegiada ubicación, lo suficientemente apartado del bullicio de la urbe, pero lo necesariamente cerca como para llegar a él en un tiempo prudente. Acabo de degustar, junto a un grupo muy especial de amigos y hermanos, uno de sus platos estrella: migas con chorizo, pimiento, huevo y uvas, fruta esta última que le aporta al plato un contraste dulce que me entusiasma. De postre unas filloas rellenas de nata y un café solo con hielo. Entre la variada selección de licores elijo, en copa de balón, Matusalem Gran Reserva, un ron muy licoroso recién servido, color naranja suave y lágrima medio densa, dulce pero con final amargo y prolongada persistencia en boca. Al cabo de veinte minutos le añado una roca, para romper las cadenas OH del alcohol y dejar que el caldo libere más aromas, momento en el cual la sensación alcohólica se mitiga.

Volviendo al protagonista del momento -no en vano el artículo luce su nombre-, insisto, como relaté en la cata del hermano mayor, en ensalzar su espectacular capa aceitosa colorado maduro, atravesada por algunas finas venas francamente elegantes. El aroma previo a encender es asombroso por su untuosidad, muy cremoso, dulce y acedrado al fondo de la nariz. Y la anilla, exacta a la del robusto, elegante y señorial, combinando de forma muy distinguida los colores dorado, negro y rojo.

El encendido, con mechero lanzallamas de tres focos tipo “Tourch”, fue perfecto, mostrando su extraordinaria capacidad de tiraje que acompañará al cigarro hasta su extinción, característica muy de agradecer, y más teniendo en cuenta la cantidad de tabaco que demuestra albergar en su tripa. Las sensaciones iniciales son muy parecidas a las que percibí en los primeros momentos del Casa Magna Robusto: dulce y fresco, algo de madera, con recuerdos a frutos del bosque, fruta madura y final cafetero en paladar. En su propósito por satisfacer a mis papilas, el pequeño Pikitos me brindó durante unos quince minutos un fascinante y delicado aroma a regaliz que no fui capaz de apreciar en el Robusto, quizá debido a que un menor cepo como es el que me ocupa hoy concentra en mayor medida los sabores apareciendo connotaciones diferentes y en este caso muy positivas.

La combustión fue pareja y uniforme hasta el tercer tercio, momento en el que perdió ligeramente su regularidad y hube de ayudarle con el mechero. La ceniza se vistió de gris claro y fue de gran consistencia, de hecho aguantó hasta que yo mismo le obligué a desprenderse del cuerpo del puro antes de manchar el mantel o mis pantalones y quedar en ridículo delante de los demás comensales.

El segundo tercio incrementa la fortaleza del cigarro y los dejes dulzones dejan paso a los terrosos y amaderados, con evidencias de buen añejamiento del tabaco nicaragüense que lo conforma, en tripa, capote y capa. Esta liga de tabacos me recuerda mucho a la serie 1964 de la marca Padrón, tristemente desaparecida del mercado español, en especial a la vitola Príncipe (otra petit corona fabulosa), cigarros tremendamente sabrosos y con gran aroma, de capa broadleaf (cultivada al sol) que inicia dulce con fortaleza media evolucionando hacia sabores envejecidos de madera noble, con finales largos y cafeteros, como previsiblemente será también el del Pikitos, teniendo en cuenta que el del Robusto lo fue.

La ultima parte o tercio del puro despliega un gran poderío de evocaciones cafeteras, algo más amargo y ahumado -fruto de la concentración de la nicotina-. El final, como pude presagiar, rico, largo y muy gustoso.

Un querido lector, Carlos, publicaba un comentario en la entrada de mi cata del Casa Magna Colorado Robusto, en el que me preguntaba acerca de la puntuación sobresaliente que le había otorgado a dicho cigarro. Cito textualmente su pregunta: Al ponerlo un 10 ¿no crees que puedas encontrar un puro mejor? Si fuera así, ¿qué nota pondrias? No se si encontraré otro mejor, pero en mi opinión los puros, como tantas cosas en la vida son cuestión de gustos. Y yo, al puntuar los cigarros que cato intento hacerlo valorando una serie de características fundamentales: aspecto externo, combustión, tiro, calidad de la ceniza, riqueza de sabores y aromas, balance de los mismos y evolución del cigarro. En el caso del Casa Magna Robusto la calificación de todos estos aspectos es sobresaliente, por lo que la nota final es de 10. Puede haber otro cigarro con esas mismas notas que sea más o menos de mi agrado porque sus sabores o su fortaleza sea más o menos de mi gusto, pero en cualquier caso serán cigarros de una calidad muy difícilmente superable.

El Pikitos no llega a ser -en mi opinión- como su hermano mayor el Robusto (la otra vitola Torito de esta serie sería su abuelo) pero no deja de ser uno de los mejores cigarros de cepo pequeño que hay actualmente en nuestro país. Un 8,5. Pequeño Pikitos, eres muy grande. Bienvenido.

27 marzo 2010

CAMACHO Toro


Vamos a ocuparnos en esta ocasión de la vitola "toro" de una reciente adquisición del grupo Davidoff, como es la casa Camacho. Después una magnífica comida ofrecida por la señora Riera (a la que cariñosamente llamo Mamá), que consistió, entre otros platos, en unos magníficos canelones envueltos en "creppes" en lugar de en la tradicional pasta, mi cuñado Jaime sacó una botella de un estupendo ron recién traído de la República Dominicana: Brugal Extra Viejo. Y para fumar, los susodichos cigarros hondureños.

"Vamos a estrenar la nueva terraza", dijo Jaime. Y es que los señores R acababan de cerrarla con una cristalera hacía un par de días. Acarreamos un par de sillones del salón (con la excusa de dejar más espacio para los niños, claro) y nos acomodamos tranquilamente con nuestros cigarros y nuestras copas. Mi padre se unió a nosotros con uno de esos genuinos caliqueños de su tierra que tanto le gustan. La tarde prometía.

Al sacar los cigarros de su celofán nos sorprendió la gran calidad de su oleosa capa; sin grandes venas, uniforme, bien acabada y de un colorado oscuro que parecía chocolate. El olor en frío recuerda a caballeriza y a tierra, profundo. Particularmente a mí me recuerda a la linea clásica de la marca nicaragüense Padrón, bien conocida en nuestra familia. Empezamos a fumar y charlar de todo un poco, mientras los primeros aromas a cedro y un regusto salado aparecen en nuestras bocas. El tiro parece bueno y, aunque la combustión es algo irregular en el cigarro de mi cuñado, es correcta en el mío. El humo es blanco y denso y la ceniza blanco-azulada, muy poco consistente, visitó tempranamente nuestros pantalones. Nos dedicamos pues a saborear la copa de este ron color naranja sunset (Jaime "dixit"), casi marrón, con una lágrima tan asombrosamente densa que tarda un tiempo considerable en regresar al fondo de la copa. El sabor del caldo es complejo, con gran variedad de aromas, algo seco y recio en boca, pero equilibrado y sabroso.

En el primer tercio del cigarro la fortaleza se presenta con medio cuerpo, acompañada de notas dulces y amargas a la par, provenientes estas últimas de la ligada de corojo con mayoría de hojas de ligero. No hay un gran desarrollo aromático aunque si se puede destacar el sabor suave a carbón. Parece en principio un cigarro destinado al mercado gringo, donde aprecian más los puros suaves. Al usar esta palabra, gringo, me acuerdo de mi amiga y compañera Karla Yunuen, oriunda de Tijuana, que me contó el origen de esta palabra. Viene del grito con el que mandaban a casa a los casacas verdes invasores: "Green, go!".

El segundo tercio se presenta con un incremento notable de la fortaleza, continuando el gusto amargo a turba. El puro evoluciona de menos a más, con notas de tabaco añejo y más persistencia de sabores dulces, con intensidad y fuerza en el último tercio.

En resumen, el Camacho Toro es un cigarro ciertamente agradable e interesante, que sin desarrollar soberbios sabores y aromas, nos resulta un cigarro sinceramente apreciable si tenemos en cuenta su relación calidad/precio. Un 7,5 para un cigarro que no llega a los 4 €.

06 marzo 2010

CASA MAGNA Colorado Robusto

Después de un largo tiempo sin escribir acerca del buen humo (no sin degustarlo) debido a una serie de responsabilidades que me han tenido muy atareado en este comienzo de año, lo primero que debo hacer es presentaros mis más sinceras disculpas a vosotros, ávidos lectores, a la vez que os agradezco vuestros mensajes de ánimo para seguir escribiendo.

Me gustaría empezar esta nueva temporada de reseñas y experiencias compartiendo con vosotros un cigarro realmente grandioso, marca recién llegada a España y acogida con gran entusiasmo por los grandes connosieurs de nuestro país, a pesar de los difíciles tiempos que atraviesa el mundo de los cigarros puros. Tengo el honor de presentarles el nº 1 Best Cigar of the Year 2008 por la prestigiosa revista norteamericana Cigar Aficionado: el Casa Magna Colorado Robusto, soberbia creación del master blended Manuel Quesada, elaborado en Nicaragua por Néstor Plasencia con tabacos de Estelí (para la tripa), Condegas (para el capote) y Jalapa (la capa). Está siendo un éxito rotundo en términos de demanda en EE.UU. Ahora lo tenemos ya a nuestro alcance. Acercaos a cualquiera de las grandes cavas de nuestro territorio y acompañadme en esta fabulosa cata.

El cigarro aparece envuelto en una de las capas más bellas y uniformes que he visto en los últimos tiempos, brillante, sedosa, aceitosa y sudada, signos inequívocos de su perfecta selección y curado. La anilla del cigarro, en tonos dorados, negros y rojos es definitivamente celestial. Al tacto se presenta esponjoso y a la vez recio, lleno de buen tabaco, cuyo bouquet en frío es penetrantemente dulce y algo ácido, como fruta en su punto. Que delicia de encendido, delicado y amable, con un fascinante aroma y sabores persistentes, frescos y acaramelados, dignos de un puro superior.

El tercio primero adquiere una fortaleza media (medium-bodied) haciendo posible que su humo agradablemente cremoso deje en las papilas un apreciable gusto a cappuchino, a veces acaramelado y con un regusto ahumado. Aparecen también, tímidamente, cada cuatro o cinco caladas, recuerdos a frutos del bosque.

La ceniza es blanca, densa y consistente, el tiro perfecto y la combustión lenta y espesa. Dignas de especial mención son las soberbias volutas de humo que nos depara el cigarro durante toda su fumada, hasta tal punto que, en un intento imposible, quisiéramos mascar, pudiendo eso sí, al menos, sentir su caricia cremosa y amantequillada.

Es de justicia alabar el fino licor con el que estoy potenciando las riquezas del Casa Magna: el codiciado ron venezolano Diplomático Edición Especial, obsequio de mi amigo el P. Daniel, uno de los mejores rones que he degustado, de lágrima densa, dulce, pronunciado, sabroso, de color marrón oscuro y aroma penetrante similar a un buen coñac francés.

En el segundo tercio la fortaleza se incrementa, aunque con un excelente balance de sabores, sin agresividad ni aristas. Los gustos a café se hacen más evidentes, cremosos y densos, dejando paso el dulce del chocolate al amargo del café cargado.

El tercer tercio continúa en la misma línea de untuosidad que reina en toda la fumada, cafetero y algo ahumado, con trazas de bosque húmedo. Y el final es espectacular, sabroso, largo, cafetero, ciertamente delicioso.

La vista que contemplo desde mi ventana es sublime: campos de un verde vivo recién alimentados por la generosa lluvia caída en las últimas semanas en Madrid, iluminados por la ya tenue luz del sol a su puesta, con las montañas de la sierra de Navacerrada colmadas de cándida nieve y un cielo pacífico casi añil. Hace frío, mucho frío, pero una fumada como esta transforma el ambiente en cálido y acogedor, características de este gran cigarro que he tenido la fortuna de saborear. Su nombre lo dice todo: Casa Magna, cigarro majestuoso. Un 10.

09 diciembre 2009

MONTECRISTO Nº 2


En el día de hoy “la novedad es un clásico“. Y bien serviría esta frase como título de una próxima película de Hollywood, si no fuera porque me refiero a un cigarro. Explico la contradicción: siendo el Montecristo nº 2 uno de los cigarros denominados “indétrônables” por la acreditada revista francesa "Havanoscope", uno de los habano más reputados de todos los tiempos, un eterno clásico, es para mí cómo nuevo, ya que ha pasado largo tiempo desde que lo degusté por última vez. Lo recuerdo perfectamente: poderoso, sabroso, con tanto carácter que parece que tiene vida propia. ¿Se unirán pasado y presente en un mismo gusto y sentir?

Me acompaña en la cata Pekike, gran sabedor de puros y degustador de buenos licores. Antes de encender nos sorprende su capa carmelita claro algo anodina y carente de expresión, sin aceite pero bien humectada, así como un torcido algo deficiente. Al tacto se presenta algo blando, como ligeramente carente de tabaco. El bouquet tiene poderío: tabaco, tierra y cuero. Mientras calentábamos el pie del cigarro, al tiempo que se tornan anaranjadas las ascuas Pekike disfruta del aroma que desprende, que es el de antaño, el antiguo, de buen tabaco, fuerte y con mucho aroma.

Combinamos nuestro “Montedos” con un licor de caña obsequio de mi amigo el diácono Matías, Ron Bermúdez Don Armando Añejo 10 años, de la querida República Dominicana, un ron recio y sabroso, de tonalidad naranja casi marrón, dulzor muy pronunciado y gran persistencia en boca.

Nuestra conversación discurre hoy, como no podía ser de otra manera, acerca de las restricciones que nos vamos a encontrar en los próximos tiempos a la hora de querer disfrutar de una fumada placentera en un local público de nuestro país. Si bien los fumadores de cigarrillos tendrán que conformarse con una visita al “aire libre” para, en tres o cuatro minutos, dar esas caladas reconfortantes que tan necesarias son a veces, los fumadores de puros vamos a tener más dificultades, ya que la fumada de un puro exige mimo, sosiego, paz y dedicación. En un par de minutos, en invierno, no da tiempo a quedarte helado pero… ¡imaginad los tres cuartos de hora que dura un robusto o la hora y algo de un torpedo! Al hilo de este extremo comentaba Pekike que, al contrario de la meteorología ligada a los países productores de puros, la mayoría de ellos caribeños, él asocia el puro al invierno, con un café calentito y una buena copa para entonarse, en una acogedora habitación llena de humo que se va escapando furtivamente por la rendija entreabierta de la ventana.

Siguiendo con el MonteDos, el tiro es fantástico, los vestigios de la fumada de color gris medio con rodales negros y la fuerza comienza a medio gas sin agresividad ninguna. Los primeros quince minutos de la fumada son de película, dignos de un cigarro legendario como este, con sabor plenamente tabaquero, a madera vieja y tierra bien cultivada, algo picante, y un muy sustancial regusto a cuero.

El excelente primer tercio, en el que evoluciona la fortaleza a media-alta al mismo tiempo que crecen los sabores, con gran equilibrio y sin molestar en nariz, deja paso a un segundo tiempo más amaderado y algo más seco, con igual perfecto tiro y buena combustión que desemboca en una tercera parte larga y rica hasta que decidimos dejar descansar el último centímetro del Montecristo nº 2 en el cenicero antes de quemarnos los dedos. Buena señal.

No se merece menos de un 9 este puro de tiempos pasados que no pierde moda, al estilo tradicional, sin sofisticaciones de aromas como las ligas más modernas, sólo buen tabaco, un fabuloso y potente sabor y un tiro soberbio que me dejan un recuerdo justo como el que tenía de él.

Lo fumamos el día de la fiesta madrileña de Nuestra Señora de La Almudena, Patrona de Madrid, un día antes de que me extrajeran, en una sencilla intervención quirúrgica, dos muelas del juicio. Ascendió el humo como incienso para María, que me protegió del dolor y me regaló una buena recuperación. Á ti, madre mía, te dedico esta cata. Gracias.

01 noviembre 2009

HOYO DE MONTERREY Edición Limitada 2004


Os confesaré que tengo una mala costumbre cuando comienza una etapa de vacaciones, un fin de semana “de puente” o cualquier temporada de asueto que me permite liberarme del peso del día a día, de la rutina del trabajo y del “no parar” cotidiano: ante el inusitado júbilo que aquel acontecimiento me produce, sumergidos mis pensamientos en una cantidad admirable de proyectos para disfrutar de esos días, cuando casi estoy saboreando lo que todavía no es pero será, le espeto a mi esposa siempre la misma falaz aseveración, como si de un cenizo profesional se tratase: “Lo peor de todo es que cuando me quiera dar cuenta, todo esto habrá terminado y volveremos a la rutina como siempre”. Toma castaña. Y claro, en ese momento lo que parecía tener un color luminoso y esperanzador corre el peligro de convertirse en una cuenta atrás anodina y gris. Finalmente me veo invadido de planes e ideas, comidas y cenas, familia y amigos, conversaciones, fiestas y otros disfrutes varios, entre los que se encuentra nuestra común afición al buen fumar, que no me dejan contar hacia atrás. Como decía un sacerdote amigo venezolano, el P. Gilberto, “siempre adelante, como el tick tack del reloj, como el andar del caminante, siempre adelante”. Y si hay que volver atrás, que sea para aprender de la historia, de los pasos que dimos mal, para coger el camino correcto, o para recordar con pasión lo que un día disfrutamos de verdad. Y eso es lo que voy a hacer en la cata de hoy.

En esta ocasión os hablaré, queridos amigos, de un cigarro que tuve la fortuna de disfrutar el día de mi cumpleaños, a finales de este pasado verano, por cierto, tan alejado ya que parece fruto de una ilusión. Espero que este breve relato sirva para que cada uno de vosotros podáis dejar volar vuestros recuerdos olvidados (paradójicamente) hacia lo que una vez, tan solo hace unos meses, pudisteis sentir y vivir.

Aquella tarde, preciosa y soleada por cierto, con mi mujer y mi hijo en la templada playa de Moncofar, la recuerdo con especial cariño. El atardecer lo disfruté en soledad, en una silla de playa enfrente del mar, acompañado de mi música favorita, un libro, un puro y una lata de la bebida de cola más vendida en España. Esta estampa, queridos lectores, es uno de mis grandes placeres de verano. Una tarde así, viendo como torna el cielo desde el azul claro hasta el azul marino casi negro, pasando por el dorado, el ámbar, el ocre, el malva y el añil, me parece una auténtica delicia. Es tiempo para uno mismo, para reconciliarte con el tiempo pasado, para darle la bienvenida al futuro, para pensar y para soñar. Una tarde así, se merece de colofón una magnífica cena en familia y un gran cigarro de amplias bocanadas y un humo generoso que se expanda hacia el cielo estrellado embriagando la noche levantina de volutas realmente especiales.

De color colorado maduro -probablemente más oscuro de lo que fue en su día, debido al proceso extra de envejecimiento que ha vivido, cinco años más desde que llegó a España en 2004-, bien torcido, con alguna vena algo atrevida, ligeramente blando al tacto y con la anilla extra de Edición Limitada de Habanos, el cigarro del que les hablo, un Hoyo de Monterrey Edición Limitada 2004, podríamos considerarlo una reliquia, ya que no es fácil encontrar de estos ejemplares ni en las cavas mejor surtidas de nuestra geografía. Hay una que aún lo tiene: el Rincón del Puro de Tomás Gadella, en Móstoles.

Los inicios de la fumada muestran la inconfundible esencia de la marca: elegancia y sabor pero con suavidad. Las primeras aspiraciones son dulces, amaderadas y con algún recuerdo terroso, realmente refinadas. En ciertos momentos aparecen sabores a fruta muy madura, aunque en mi memoria predominó la madera, algo de madera y… madera. Al final de este tercio inicial surge un clarísimo gusto a regaliz, que quizá no hubiera hecho su aparición nunca si no hubiera sido invitado -quizá- por el conocido whisky de malta Cardhu de 12 años que refrescaba y endulzaba nuestras bocas.

El tiro es muy bueno, incluso algo excesivo si fuera muy crítico, la combustión algo irregular pero aceptable, la ceniza gris media con aguante de un tercio antes de caerse y la fortaleza comenzó media y curiosamente va suavizándose conforme avanza la fumada. Cuestión de acostumbrarse. En el segundo tercio los sabores se tornan algo ahumados, con un reseñable deje a turba pero siempre manteniendo su elegante suavidad.

Verdaderamente estamos ante un cigarro espectacular que, a pesar de la suavidad originada por su gran tiempo de añejamiento (cinco o seis años en fábrica y otros cinco en caja cerrada en cava humectada) no da la sensación de un puro carente de personalidad, es más, la tiene, y mucha, con sabores muy acentuados y refinados, y con un final largo y realmente fascinante. Tanto como la tarde que pasé en la playa, el día de mi cumpleaños, frente al mar.

Una gozada de cigarro. Un 9. Hoy, echar la vista atrás ha merecido la pena. Efectivamente… era especial

15 agosto 2009

BOLIVAR Inmensas

Mágica. Así definiría la experiencia al fumar este puro, uno de los mejores habanos e incluso diría más, uno de los mejores cigarros que existe ahora mismo en venta en nuestro país. El entorno y el momento favorecen la exaltación de la fumada: me encuentro en el Grau de Moncofar, población castellonense a cuarenta kilómetros de Valencia y que ya describí cuando me referí al Cumpay Robusto (ver cata).

Disfrutamos, alojados en el dúplex de mis suegros, a treinta metros de la playa, de unas vacaciones eminentemente familiares, con el cansancio y la locura propia de una casa llena de niños (el mío y mis sobrinos). Y la hora de la cena, en la terraza-azotea, con los niños durmiendo -excepto mi sobrino mayor, que con su edad ya remolonea para irse a la cama-, es francamente el momento más relajado del día. Y después de cenar, el deleite del fumar. Al aire libre, contemplando el cielo estrellado y el mar al fondo, sin prisas, ni agobios, ni horarios, con la única obligación de atender a nuestro cigarro y a nuestro licor. Además hoy, al ser las fiestas del pueblo durante esta semana, podemos disfrutar de la música de fondo de una orquesta de jazz, estilo musical que marida con un puro tan a la perfección como el aguardiente seleccionado para la ocasión, el legendario ron Bacardí 8 años, de aroma embriagador a distancia, color ámbar acaramelado y generosos recuerdos en boca a vainilla y canela. Es interesantísimo observar lo densa que llega a ser su lágrima, que torna totalmente borrosa la visión a través de la copa.

Hoy me acompañan en la fumada mi suegro el señor R y mi cuñado Alfredo Riera, co-autor de este blog, articulista de algunas de las catas publicadas a vuestra disposición y gran sabedor de puros.

Centrándonos en el cigarro, os diré que era de un aspecto majestuoso, con un ligero molde cuadrado. Digo “era” porque mi gran amigo Tomás Gadella, extremeño ilustre y estanquero mostoleño de pro, me había recomendado ya en varias ocasiones que lo probara y siempre me había seducido. La capa, con finas venas, era de un precioso tono colorado maduro, aceitosa y grasa y parecía que susurraba “¡fúmame!”. Al colocarlo en la boca, antes del encendido, sabe a madera con un toque salado. El bouquet nos recuerda de manera espectacular a madera vieja y en cuanto le aplicamos calor con nuestro mechero de tres llamas nos regaló un perfumado humo que presagiaba lo que iba a venir: un inicio, recién inflamado el puro, increíblemente aromático. El sabor es decidido, al mismo tiempo que elegante y suave. Desde la primera aspiración aquello tenía pinta de convertirse en una fumada de escándalo.

El primer tercio está dominado por sabores a madera fascinantemente equilibrados y nobles y, al final del mismo, aparece un claro aroma a café solo muy cargado. En el segundo tercio el aroma deja paso a la pujanza de sabores plenamente tabaqueros con notas de regaliz e incluso algo de incienso, apunta Alfredo.

La noche transcurrió salpicada de comentarios, vivencias, conversaciones y anécdotas de los tres fumadores, destacando una en particular que sacó a la palestra el señor R. La pregunta era: “¿Qué cantidad de licor -ron, brandy, coñac- se debe verter en una copa de balón?”. Curioso. El suficiente líquido para que, tumbando de lado la copa, llegue al borde de la misma pero sin que se derrame. Oído, cocina.

La ceniza, de color gris oscuro y algo deslucida, no es consistente y se deja caer pronto, como satisfecha por el sabor tan espectacular que nos está brindando. Al final del segundo tercio la fortaleza adquiere toda su plenitud y los aromas tan refinados desaparecen totalmente. En el tercio final retornan los intensos sabores cafeteros, pero más amargos ahora que antes. Tanto es así que me vino a la memoria cuando estuve en un café palestino en Belén tomando una deliciosa taza de café turco: dos tercios de la taza son posos y el resto café. Riquísimo.

El Bolívar Inmensas es una cigarro de vitola dalia francamente elegante, tanto en aspecto como en la fumada, muy aromático durante los dos primeros tercios, de fortaleza media inicialmente y alta en la conclusión, de gran equilibrio y de sabores imponentes y deliciosos. Por todo ello no se merece menos de un 10. El apellido de esta referencia -Inmensas- es el perfecto calificativo para el cigarro que lo lleva. Verdaderamente inmenso.

01 agosto 2009

DON TOMAS Robusto


Después de unas semanas sin publicar nada acerca del buen humo (no sin degustarlo) debido a unas vacaciones muy familiares rodeado de mujer, hijo, sobrinos/as, cuñados/as, suegros y demás parentescos que han hecho verdaderamente imposible el poder escribir reposadamente, prometo, en las siguientes entregas, comentaros algunos de los interesantes cigarros que he tenido la fortuna de disfrutar en estas últimas semanas vacacionales (o serán vocacionales…).

El primero de ellos, un cigarro premium “de crisis”. Con esto no quiero decir que sea de peor calidad, sino que está al alcance de muchos bolsillos gracias a su precio bastante razonable (aproximadamente 2,90€), en contraposición con otros cigarros de precios algo abultados que quizá no sean los más convenientes para algunas economías familiares en estos tiempos (como serán los puros de las próximas catas).

Os pongo en situación: es 1 de Agosto y acabo de llegar de Ribadesella (Asturias) a la casa de campo que poseen mis suegros en una población de la ribera del río Órbigo (León), y en la que, como ya describí en la cata del H.Upmann Magnum 46, se palpa la tranquilidad y el sosiego y, además, se disfruta.

Pues ahí nos tenéis, a mi suegro el señor R.-mi cuñada Lala dixit- y a un servidor sentados cómodamente en los sillones de la bendita portalina, en una noche que ya refresca y que nos obliga a templarnos con una vieja manta sobre nuestras rodillas (en la foto superior podéis ver la estampa). Disponemos hoy de un aparato DVD portátil, que, como si de un regalo Hommer se tratara (lo compramos mi mujer y yo para que los viajes veraniegos en coche se hicieran más amenos para nuestro pequeño… y para nosotros) nos reproduce a la perfección el concierto de uno de los grupos de música favoritos de ambos fumadores hoy reunidos: Il Divo.

El aspecto externo del cigarro (y no digo puro porque combina tabacos de distintas procedencias, de honduras y nicaragua) es bueno, aunque algo rústico, sensación quizá causada por la capa broadleaf que, aceitosa y algo granulada a la vez, enseña varias tonalidades cercanas al colorado oscuro. La humedad de conservación, a lo que ayuda el encelofanado individual, es perfecta, de tal manera que se puede presionar al tacto el puro sin escuchar ningún crujido y sin que la capa se rasgue en ningún punto. El aroma en frío es suave, en todo caso algo herbáceo y amaderado.
Tan pronto como se prendió el cigarro muestra su personalidad, con un inicio suave en fortaleza y a la par sabroso y cremoso como el “Passera” que escuchamos en estos momentos. La noche es francamente deliciosa, clara y transparente y nos brinda el espectáculo de observar cómo el humo volátil de nuestros cigarros asciende lentamente hacia las estrellas: las Osas con el carro, Orión, la fascinante estela de la Vía Láctea…

Respecto al tiro nada que objetar, correcto, y la combustión uniforme. La ceniza de un color blanco “roto” y muy consistente, lo que revela una excelente construcción de la tripa y torcido de la capa. Es particularmente agradable la fusión del humo con los restos que quedan en las papilas del sabroso Pedro Ximenes, oloroso que aporta dulzura y suavidad.

Al comienzo del segundo tercio, que coincide con el bello “Nella Fantasia”, música original de Enio Morricone, con su inconfundible sonido del oboe, el cigarro desprende un aroma eminentemente terroso al que se unen notas especiadas algo picantes. El último tercio transcurrió bajo las mismas variables, estancándose el desarrollo de la fumada.

La última canción del concierto, “Hero”, con su fuerza y pasión, prácticamente coincide con el final de una velada ciertamente agradable, con una fumada de carácter cremoso, de sabores tostados, amaderados, terrosos y especiados. Es una pena que en el tercer tercio se haya frenado la evolución. En general, un 7,5, por su gran relación calidad y precio. Don Tomás puede descansar tranquilo. Su nombre está bien representado.

31 julio 2009

LA AURORA Rothschild

“And now, the end is near…” cantaba Frank Sinatra. Esta es mi protesta, la última noche de esta temporada en esta hermosa villa que acoge la desembocadura, la llegada al mar Cantábrico del río que lleva su nombre, Riba-deSella. Esta noche es la despedida, la del “hasta el año que viene”, pero también la del adiós. Adiós a la belleza y a la alegría de sus costumbres, a una vida sosegada, a la sorpresa de su clima, a la caricia del viento y el arrumaco del sol, a las mañanas llenas de color, a unas tardes que embelesan y unas noches mágicas, adiós a su fragancia, a su suculenta gastronomía, a su excelso paisaje y sus pintorescos caminos, a su preciosa arquitectura, a su imponente playa y fascinante paseo marítimo, adiós su plaza y al Sagrado Corazón de brazos abiertos en lo alto de la iglesia, villa que recibe al visitante y da de lo que tiene, pueblo ilustre y gentil, noble y acogedor, balcón del Cantábrico, orquesta de las olas, puesta de sol eterna desde La Guía…

Como al despertar habremos de madrugar, me inclino a elegir hoy un cigarro breve, o por lo menos, algo más de lo que han sido los anteriores. El tamaño suficiente para escuchar la citada canción del rey del género crooner con una sonrisa nostálgica en el rostro producto del disfrute y del recuerdo antes de que se me dibuje en el semblante una gris mueca causada por la tristeza de la despedida. El cigarro es un petit robusto de La Aurora, vitola Rothschild. Esta marca es una de las más importantes, de hecho la más antigua, de la República Dominicana, fabricada en Santiago de los Caballeros, e integrante de León Jimenes (ver cata León Jimenes Robusto) uno de los grupos empresariales más importantes del país.

La tonalidad de la capa es carmelita, los aromas en frío aluden a cedro y la factura del puro es evidentemente buena, sin nada reprochable. Acompaño la despedida con un ron que no se prodiga demasiado por las tiendas españolas, un aguardiente que, aunque con puntuaciones no muy altas -incluida la de David Broome en su libro “Ron”- está presente en gran parte de las guías internacionales. La marca es Captain Morgan en la variedad de Spiced Gold (Puerto Rico, aunque la marca es jamaicana), un ron suave de color pajizo, con un aroma rotundo a vainilla. Es cierto que no es un Zacapa ni un Flor de Caña, pero por su relación calidad-precio creo que es un licor muy respetable para disfrutar solo o en las rocas.

Al darle mecha a este corto cigarro, que calificaré con un 7, siempre me siento confortado. Es breve y ligero, pero a la vez sabroso y vivaz, un valor seguro para cuando tres cuartos de hora son tu máximo tesoro. En los comienzos es alegre, floral y a la vez algo leñoso, de cuerpo suave pero con un aroma decidido y sincero. El tiro es impecable, aunque huelga decir que en una vitola así no tiene gran mérito; la combustión pareja y sin problemas y las cenizas casi tan blancas como la luna de esta noche.

Hacia la mitad del cigarro la pujanza en retrogusto se acrecienta y el sabor se torna afrutado, aunque decae ligeramente, como si se entristeciera conmigo, como si quisiera maridar con mi nostalgia. Concluye herbáceo y amaderado, con un amargor propio del día compensado por el aroma dulce a vainilla del ron del viejo bucanero (que llegó a ser Gobernador de Jamaica) endulzando mis sentidos encontrados, de morriña por irme y de orgullo por haber estado aquí.
Desde esta noche añoro la aurora del día en que vuelva a despertar en Ribadesella. Y a vivirla. Y a sentirla. Entonces prenderé otro Rothschild de La Aurora. El de la acogida. El del por fin.

28 julio 2009

VEGAFINA JOSE SEIJAS Robusto


La “astur-fumada” de esta noche (ya sabéis mi pasión por esta tierra) va a estar dedicada al Seijas, nombre por el que se conoce, en los mentideros tabaqueros madrileños, a esta nueva bella corona gorda . Es, según dicen, un cigarro de autor, de la casa VegaFina, cuya liga ha sido mimada por José Seijas, el director de la fábrica y una personalidad reconocida internacionalmente en el sector. Adquirí dos unidades sueltas, aunque os aseguro que la presentación de la caja cabinet negra adornada con la rúbrica del autor, con bisagras plateadas y los cigarros elegantemente cubiertos en una hoja de papel de arroz son un conjunto de lo más refinado.

La envoltura -del cigarro ya- es marrón oscuro tostado, francamente hermosa, lisa, bien despalillada (si fuera Connecticut es lógico que no tenga venas señaladas, pero siendo de Ecuador es de agradecer, ya que la capa es más ruda y gruesa), de acabado magistral, digna y noble. Sobre ella dos anillas, una fina con la inscripción José Seijas y otra redonda con su rúbrica y la marca VegaFina, en fondo negro con letras plateadas, una contraste de lo más distinguido. Al tacto es recio y compacto uniformemente a lo largo de todo el cuerpo. Sobre los aromas previo encendido no tengo mucho que contaros, son inconsistentes.

Recién prendido es de cuerpo suave y con un tiro algo escaso que mejoró una vez entró en calor. El sabor es vegetal, de final salado en la “sin-hueso”, con notas afrutadas y un caprichoso y agradable aroma cítrico que duró poco tiempo. Arde en calma, como la cocción a la que debe someterse una buena fabada (mañana almorzaremos en uno de esos restaurantes con los que tengo una cita anual inaplazable, en Lastres). La ceniza se sostuvo hasta poco más del primer tercio, lo cual me afianza en mi impresión de su buena factura.

El segundo tercio continúa siendo vegetal, aunque en ciertos momentos, como destellos, acuden a mí recuerdos amargos como cáscara de fruto seco, muy similar a los del robusto de La Aurora 1495 (no en vano son dos cigarros dominicanos con ligas muy escogidas). La tercera parte se caracteriza por sabores ahumados, como a turba, a carbón, que, al incrementar la fortaleza al mismo tiempo, se tornan algo ariscos.

Un 7. El Seijas es un cigarro de muy bella factura, con un muy correcto y equilibrado sabor hasta casi el final de la fumada, aunque precisamente adolezca de ser algo plano. Personalmente creo que el amargor creciente de un cigarro debería siempre ir acompañado de un progreso en los aromas y sabores para que no se torne hosco, lo que justamente sucede con este ejemplar. De no haber sido por esto, la puntuación hubiera sido superior. Todos tenemos debilidades. De todos modos, por 4€, sinceramente… es un buen cigarro. Probadlo y lo contrastamos.

25 julio 2009

RAMON ALLONES Grandes Edición España


El día de hoy es especial por diferentes motivos: ya estoy de vacaciones, he llegado con mi mujer y mi hijo a Asturias, una de las regiones más bonitas de nuestro país -para mí la preferida-, y además celebramos el día de Santiago, patrón de España y advocación bajo la que se encuentra mi nombre (Santiago, Jacobo y Jaime son distintos nombres con la misma raíz). Aunque sólo el primer motivo enumerado sería ya una buena excusa para prender un buen cigarro (pero muy bueno…), el segundo de ellos suscita en mí el deseo de brindar por ello, y el tercer motivo me invita a dar gracias a Dios por las bendiciones inmerecidas derramadas sobre mí durante un año más.

Concretamente me encuentro en Ribadesella, conocida lúdicamente por su fiesta del descenso o por sus cercanías principescas, una preciosa localidad costera del oriente asturiano, que aúna dentro de sí el “ambientillo” de un gran pueblo, la elegancia de una gran ciudad, las vistas de una gran cordillera (los Picos de Europa), una playa sensacional al estilo de la Concha donostiarra y un paseo marítimo lleno de color flanqueado durante todo su recorrido por palacetes de estilo indiano-astur dignos de ser observados y también, siendo sinceros, objeto de envidia.

Para la velada de hoy he seleccionado, de entre la colección que ha viajado conmigo, un habano adquirido hace ya algunos meses pero cuya envergadura exige al menos dos horas de tranquila fumada, tiempo del que generalmente no dispongo. Hoy es el día: hemos cenado pronto en el Gaspar -patatas a la española, quesos varios, unas gambitas plancha, chipirones, croquetitas de la casa y algo de sidrina-, y el pequeño Dani sueña ya con los angelitos. Vamos a ello.

La envoltura de este ejemplar vitola “paco” (180mm. y cepo 49) es tremendamente atractiva, con tonalidad carmelita maduro, algo rojiza, sedosa y, a mi juicio, bien curtida al sol (si no a pleno, a medio sol). El aroma previo a encender es embriagador, incluso a cierta distancia, con efluvios a bosque húmedo y a tierra mojada. El acabado externo, con doble anilla -la clásica de Ramón Allones y la propia de la edición exclusiva para España- es intachable y provoca en uno la sensación de que la fumada puede ser magnífica y distinguida.

El tiro en primera aspiración es escaso (como las reuniones de vecinos en primera convocatoria) y en segunda reaspiración tolerable. Los vestigios de la combustión, algo irregular por cierto, fueron gris oscuro con anillos casi negros y no muy estables, ya que el primer desprendimiento se produjo con apenas dos centímetros, y sin que yo hiciera nada por provocarlo.
La suavidad, a pesar de ser un Ramón Allones, caracteriza este primer tercio y en el paladar surgen recuerdos a tierra húmeda y madera mojada, con matices dulces. Cerré los ojos por unos instantes intentando concretar estos sabores en algo determinado, y sin haberlo lograrlo, al abrirlos, me doy cuenta de que lo que busco lo tengo delante, en el monte: una vieja casa de madera rodeada de vegetación. A eso sabe el puro, al ambiente que respiramos cuando un día lluvioso entramos en una casa de campo, de esas cuyas paredes están invadidas de musgo y sus suelos de madera vieja chirrían como protesta al paso del tiempo.

El segundo tercio, aun con continuas reminiscencias terrosas húmedas, nos deja apreciar un penetrante aroma a café negro imponentemente aromático y cierto amargor al fondo del paladar tras exhalar el humo. El tiro mejoró de forma inesperada y por consiguiente también el disfrute de la fumada. El tercer tercio es mágico en cuanto al aroma, fino y persistente a café amargo, si bien se cuela ahora un gusto afrutado, parecido a naranja amarga, y algo especiado.

Ha sido una velada (además de verdad, ya que son las dos de la madrugada) realmente grata. Le otorgo una puntuación global de 8, aunque si dejamos reposar estos puros unos cuantos años -el precio cercano a los 11€ lo justificaría- estoy seguro de que podrían llegar a alcanzar el sobresaliente. Este habano promete grandeza, es aromático, elegante y distinguido, con una fortaleza suave que culmina en media, con sabores a tierra, madera y vegetación húmedas y con un decidido gusto a café amargo.

¡Asturias, patria querida, que guapa yé! Y tu, Santiago, patrón de España, ¡que grande eres! Como puedes llegar a ser tú también, Ramón Allones Grandes.

24 julio 2009

CONDAL Maestro Tabaquero Robusto


Cuando las cosas a tu alrededor comienzan a desmoronarse, el instinto humano hace que te intentes agarrar a lo básico, a lo conocido, a la rutina. En esos momentos ves con otros ojos lo que generalmente pasa desapercibo en el día a día: una llamada de teléfono de un familiar o un amigo, una frase cariñosa de tu pareja, una sonrisa de tu hijo o, simplemente, la cálida caricia del Sol en primavera o el refrescante sabor de una caña bien tirada en verano. Eso es lo que te da energía cuando la vida parece que se ensaña contigo.

A otra escala, este es el razonamiento que apliqué después de mis dos últimas desilusionantes catas. Busqué un cigarro que fumo habitualmente, y que me ha complacido cada vez que lo he hecho, y del que tenía pendiente hacer una cata. Este robusto de la casa Condal, tristemente en desaparición, es realmente el producto de un Maestro.
Hecho con una selección del mejor tabaco canario, es sin duda el mejor cigarro español que he tenido ocasión de probar. Quizá lo que más destaque es su dulzor, que acompaña la fumada desde el principio hasta el final del cigarro. Tiene también ciertos matices florales y un aroma a carbón que, en mi opinión, le hace maridar extraordinariamente bien con whiskey. Entre estos, el Jameson es uno de mis favoritos, aunque el mejor con el que he tenido el placer de combinar este Condal Maestro Tabaquero es el Johnnie Walker Green Label. Fue en Panticosa, en el hotel Continental, después de una agotadora jornada de inmersión en inglés. Qué lastima que vaya a echar el cierre. Tanto el hotel como el Spa son estupendos, y además están en un entorno inmejorable, un recondito valle pirenaico flanqueado de escarpados picos. La sensación de bañarse en una piscina termal exterior a 35º mientras disfrutas del paisaje nevado, es maravillosa.

Ensimismado en estos recuerdo, casi me quemo los dedos apurando al máximo mi cigarro. Con los pies helados (las noches leonesas, ya saben), regreso al mi cuarto francamente reconfortado. No es el mejor puro del mundo, cierto es, pero es uno de los que yo más disfruto. De los suaves, mi favorito para fumar despues de cenar. Bravo, maestro.

22 julio 2009

PADRON Nº 9 Serie 1926 Num. 142933


Al día siguiente, al comentarle a Jaime mi fracaso con el Serie D Nº4, me replicó: "Fúmate esta noche el Padrón para desquitarte". Efectivamente me había traído a León un Serie 1926 Nº9 que guardaba desde hacía tiempo para una ocasión especial. Como ustedes se pueden suponer, tenía grandes espectativas puestas en este cigarro. Ya no solo su precio en España (creo que ronda los 25€), sino también por las calificaciones que obtiene en Cigar Aficionado, donde no es raro verle con un 95/100. Claro que los estándares en los que se basa esta publicación son los americanos, que gustan de cigarros mas bien suaves.

La verdad es que la pinta es extraordinaria. De color maduro, su capa es imponente, y sus elegantes anillas realzan su aspecto majestuoso. La manufactura de esta marca es impecable. El bouquet es complejo y aromático. Todo prometía una fumada excepcional. Al encenderlo, con la primera bocanada me di cuenta de dos cosas: que tenía un tiro magnifico y que, sinceramente, no iba a ser el mejor pero que me había fumado. Como tantas veces en la vida, la realidad no superaba las expectativas creadas. No me entiendan mal. El cigarro es excelente, complejo y equlibrado, y la fumada fue muy agradable. Pero yo me esperaba más.

El primer y el segundo tercio fueron bastante suaves, con notas florales y dulces, y algún punto picante, predominando el sabor añejo a madera. El tercero fue bastante mas intenso, con aromas a cuero y madera. La combustión, perfecta, aguantándome la ceniza hasta casi las anillas. Esto, por cierto, le llevo a mi padre a comentar cierta película antigua de un abogado que fumaba puros durante los juicios, y que mantenía la ceniza en el cigarro hasta limites insospechados. Distraía así al jurado durante la exposición del fiscal, más atentos a ver cuando caía la ceniza que a la argumentación del ministerio publico. El maridaje fue con ron Selecto, "uno de los mejores rones comerciales Venezolanos", según mi compañero Jorge Cebrián, oriundo de Caracas.

En resumen un gran cigarro, pero no el mejor. Aunque puede que una no óptima conservación (quizá estaba un pelín seco) afectara a sus propiedades, sigo prefiriendo el sabor del tabaco cubano. Algún día les contaré los magníficos Esplendidos que me fumé en la boda de mis amigos Mireia y Enrique en Poio. Sensacionales, al igual que los cigarros con que nos obsequiaron.

21 julio 2009

PARTAGAS Serie D Nº 4


La verdad, guardaba un fantástico recuerdo de este cigarro. Recuerdo que la anterior vez que lo encendí me encontraba en Stade, una pequeña localidad del norte de Alemania, cerca de Hamburgo. Tuve la suerte de que me hicieron un upgrade en el hotel a una suite de la ultima planta, por lo que cerré la puerta del dormitorio (no me gusta dormir en una habitación llena de humo), abrí un poco la ventana para que entrara el gelido aire invernal y disfruté de uno de los mejores cigarros que he fumado. Lo recuerdo con mucho caracter, intenso aunque no por ello carente de una gran variedad de aromas.

Por todo esto, mi decepción en esta ocasion fue enorme. Me pasé toda la fumada aspirando compulsivamente para obtener apenas un hilillo de humo en cada chupada. En algunas ocasiones esto me valió el premio de unos minutos de buena fumada, pero no esta vez. De principio a fin se consumieron mis esperanzas sin poder siquiera paladear el extraordinario sabor que sabía que este cigarro contiene. Frustrado y vencido, me retiré a descansar con los pies helados (las noches leonesas son frescas incluso en Julio) y con ganas de revancha. "Mañana probaré un gran puro para desquitarme", pense.

10 julio 2009

H. UPMANN Magnum 46

Son las diez de la noche de un día típico de un incipiente verano leonés, es decir, un calor soportable durante el día con un buen apretón en mitad del mismo, una tarde templadita con una suave brisa muy recomendable y una noche que empieza a ser refrescadita, siendo necesaria una fina prenda de abrigo de aquí a unas cuantas caladas. Para que os pongáis en situación, nos encontramos en una población de la comarca del río Órbigo, a treinta kilómetros de León, disfrutando de un fin de semana campero -o campestre-, ya que la casa en la que nos hospedamos, levantada al lado del antiguo molino del pueblo, es lo que estrictamente podríamos llamar una “casa de campo”. El lugar trae unos recuerdos imborrables a mi familia “política“: allí vivió mi suegra desde pequeña y allí pasaron gran parte de sus veranos infantiles mi mujer y sus hermanos (hoy mis cuñados). Con servicios básicos y a veces cierta precariedad, lo cierto es que pasar unos días aquí puede llegar a ser una terapia estupenda contra el estrés acumulado durante todo el curso. Sentado cómodamente en la “portalina”, leyendo un libro, escuchando música o simplemente contemplando el paisaje, que no es otro que árboles, campo, el río y de vez en cuando un tractor de siega, alguna que otra furgoneta destartalada de algún hortelano de la zona o, a eso de las ocho de la tarde, Pololo con su bicicleta cargado de lechugas, te da la sensación de que la tranquilidad existe y se puede disfrutar. Pues en este ambiente, después del zafarrancho de baños y bibes de los niños (el mío y otros dos sobrinos) y después de habernos saciado con unas buenas viandas de la zona (pan de pueblo, queso, jamón, tomates y cecina), mi suegro Pepe, mi cuñado Alfredo y el que esto escribe nos aposentamos en la portalina (previa instalación de la necesaria lámpara antimosquitos), nos servimos unas sabrosas copas del venezolano ron Selecto, obsequio de mi amigo Daniel, y comenzamos a disfrutar de la fumada.

Esta noche nos vamos a obsequiar con un clásico, uno de los habanos que adquiere mejores puntuaciones en los foros y catas internacionales: una corona gorda Magnum 46 de H. Upmann.
Visualmente el cigarro es impecable: una construcción perfecta y sin mácula de ningún tipo, sin zonas huecas, sin nudos, con venas muy finas y elegantes, una capa fina y suave de color colorado no muy oscura. Antes de encender, mientras olfateábamos el aroma en frío, Alfredo comenta, sin más rodeos, que… “huele a Cuba”.

Encendió bien, proporcionándonos un tiro espléndido de principio a fin. Los sabores en el primer tercio son francamente sutiles y elegantes, con claros gustos a madera de cedro, y relativamente aromáticos. En el segundo tercio, cuando ya las mujeres (mi suegra, mi cuñada y mi esposa) decidieron retirarse, recordamos que este cigarro ya lo degustamos hace unos años en Moncofar y notábamos algunas diferencias entre este ejemplar y aquel: probablemente el cigarro de hoy posee un carácter más suave condicionado por el tiempo que ha permanecido envejecido en la cava, por lo menos unos tres años. Cabe destacar el formidable retrogusto al fondo de nariz que confirma el añejado del cigarro.

Al final del segundo tercio se hace evidente un notable sabor a cuero bien curtido, al tiempo que Alfredo detecta también rastros de chocolate amargo. En estos momentos la sutil fortaleza del cigarro que evolucionó hacia medio cuerpo es acompañada por interesantes anécdotas de mi suegro, entre las que se cuelan persistentes cantos de grillos provenientes del campo cercano. Llegando al tercio final nos nace en la lengua un cierto picor especiado común en sendos cigarros. La combustión no planteó problemas, excepto una lamentable apagada en este último tercio que restó delicadeza al gran final complejo y con ricos matices amaderados que prometía.
La valoración global de este cigarro fumado hoy es de un 8,5, si bien es cierto que el mismo ejemplar fumado hace tres años, que tanto Alfredo como yo recordábamos antes, lo hubiéramos calificado sin dudar con un 10, y realmente no sabemos porqué.

Intentando hacer un símil, yo asemejaría este puro a un tinto de Rioja reserva, con característicos sabores curados, sabores a cuero bueno, a madera bien ensamblada, como mucho algo especiado, pero nada más. Este es uno de esos grandes cigarros cubanos “indetrónablês” del que no se pueden escribir más florituras. Sabe a buen tabaco cubano añejo, y punto. Todo un clásico.